Carta de Isabella encontrada ayer en las escaleras de Montmartre, en París

Querida Manuelita.

Te escribo desde París. Qué ciudad, amiga mía.

Hoy por la mañana estuve en La Place de la Concorde. La arquitectura de las calles respeta las líneas al punto que sus avenidas podrían servir de reglas para ejercicios geométricos. Desde la plaza, redonda como trazada por un compás, se puede ver a lo lejos, con total claridad, la Torre Eiffel. Si se gira el cuerpo 45º, aparecen Les Champs Elysees, y detrás, perfectamente centrado, el Arco de Triunfo. Dando la espalda en la misma línea, comienzan los Les jardins des tuileries, con el imponente Museo Louvre como telón de fondo. Ese gran recorrido que va desde el Arco hasta el Louvre (unos tres kilómetros aproximadamente, cuya mitad está precisamente en La place de la  Concorde) fue especialmente diseñado para la entrada triunfal de Napoleón Bonaparte –ese enano inteligente, engreído y conquistador- cuando volvía victorioso de la guerra. El obelisco que se alza allí, es uno de sus souvenirs traídos de Egipto, con los que decoró la hermosa París… Al parecer, algún cálculo falló al momento de los planos, y la puerta central del Museo Louvre (entonces residencia de los emperadores y destino final del recorrido) no quedó exactamente centrada en relación al resto del camino, detalle que puede verse a simple vista: no se llega a la puerta, sino a una ventana lateral. Esta imperfección incomodó a los franceses tanto tiempo, que han contemplado seriamente la posibilidad de tirar abajo parte de pabellón, y rearmarlo en sintonía con el resto. Tamaña locura -me dirás- parece producto de mi imaginación frondosa, pero es bien cierta, querida amiga, resultado del carácter francés perfeccionista  y meticuloso… Por suerte no han dinamitado el pabellón, y el largo camino felizmente sigue llevando a la ventana.

Por la tarde, decidí pasear por las callecitas mucho más irregulares de Montmartre, centro de la bohemia de finales de siglo XIX. Allí pintaron, amaron, vivieron y hasta se suicidaron tantos grandes artistas... ¡Qué épocas! Bien querría yo haber quedado inmortalizada con faldas can-can en las tablas del Moulin Rouge bajo el pincel de Toulouse Lautrec; o lucir el alargado cuello de alguna modelo de Modigliani, o completamente azul como una amante de aquel período de Picasso; o ser construida con las pinceladas impresionistas de Monet; o vestir un tutú igual al de las bailarinas de Degas… Oh, Manuela, así podría seguir enumerando cantidades de pintores que pasaron por esta área de la ciudad. Todavía no terminé mi visita, ya está cayendo la noche, y te escribo desde las escaleras que llevan directo al Sacre Coeur, su punto más alto, gracias a la luz de un precioso farol. Ojalá apareciera algún pintor para inmortalizar este momento tan poético…

Pero no. Me encuentro sola, por eso le escribo a tu incondicional compañía lectora. Sin embargo… ¡momento!, desde acá puedo ver de reojo que un parisino con boina y vestimenta algo informal observa hacia aquí mientras pinta su lienzo callejero…. Manuela, ¿me estará pintando?...  Su mirada es tan directa que me intimida… Oh, desde allí no captura mi mejor perfil… ¡Qué nervios, amiga…! Mientras me pinta, mi escritura se desdibuja… si sigo así acabaré escribiendo tonterías… debería dejarte y posar quieta… sería mejor no moverme, ¿no es cierto?... Si de verdad me está pintando, no querría complicarle el trabajo…. Me quedaré sentada en esta escalera, simularé seguir escribiéndote hasta estar segura que haya terminado… sí, es una gran idea… realmente quisiera colgar ese retrato en el salón distribuidor de casa… ¡Quedará precioso!, ¿no lo crees?... Será un hermoso recuerdo de viaje…. te mando un abrazo apurado con mal manuscrito, amiga, y a posar quieta que estas oportunidades no aparecen en cualquier momento... tuya... como siempre, Isabella.


N de la E:
 ¿Habrá obtenido Isabella su retrato para colgarlo como recuerdo de su visita a París? Lamentablemente, no vamos a enterarnos: ésta es la última bitácora de este viaje. Encontré la carta de Isabella ayer a la noche, tirada en las escaleras de Montmartre, pero yo ya les escribo desde Buenos Aires.

Con ésta, concluye la cuarta temporada de las Impresiones Extranjeras. Será hasta otra ocasión. Otra vez, gracias por sus presencias a lo largo de este viaje.  ¡Salute! Vera




*** O t O b O u T i Q u E ***

EDITORIAL



La Place de la concorde.

"Desde la plaza, perfectamente redonda, como trazada al compás, se puede ver a lo lejos, con total claridad, la Torre Eiffel..."

Foto del Arco de triunfo, tomada donde empiezan Les Champes Eliseés.

Girando 180º, desde el mismo punto de vista que la foto anterior, se ve el obelisco y el comienzo de Les Jardins des tuileries. Donde terminan los jardines (que de acá no se ve) empieza el Louvre.

Luego de una larga caminata, el Arco de Triunfo.

Isabella -triunfante y napoleónica-, en el Arco de Triunfo.

Desde el Arco de Triunfo, la vista hacia La place de la Concorde
Abajo, la llama eterna, en homenaje a los soldados caídos no identificados que sirvieron a Francia.

Mismo punto de vista, plano más abierto.

La otra punta del recorrido. El Museo de Louvre, con su entrada pirámide (hermosa).

Misma punto de vista, con fotógrafo y luna en la punta.

Desde la pirámide, mirando hacia la Place de la Concorde. Ese Arco de Triunfo que se ve, no es el de la foto anterior; es uno  más pequeño, con el mismo diseño, no tan célebre ni conocido, pero igualmente en perfecta alineación con el camino entero.

Mismo punto de vista que la foto anterior, sin pirámide. Yo hago de trípode humano, abriendo el diafragma un buen rato. Se nota en el movimiento, pero igual la foto me gusta mucho.



Montmartre

"Bien querría yo haber quedado inmortalizada con faldas can-can en las tablas del Moulin Rouge bajo el pincel de Toulouse Lautrec..."




"... o lucir el alargado cuello de alguna modelo de Modigliani..."




"... o ser construida con las pinceladas impresionistas de Monet..."




"... o vestir un tutú igual al de las bailarinas de Degas."




Información exclusiva y testimonial

En estas escaleras del barrio de Montmartre fue encontrada la carta de Isabella.
El farolito, la prueba.


¡¡BONUS TRACK PARIS!!
 ** Capturamos a Isabella de imprevisto**
 Imágenes exclusivas de  Impresiones Extranjeras (copyright)

Isabella, posando coqueta en el Jardín de las Tulerías

Autorretrato en la Place de la Concorde.

... ¡La torre Eiffel atrás nos confirma que su relato no es invento!


En plenos Champes Eliseés, con todo el glam de la avenida parisina.


En su paseo se encontró con la sucursal parisina de su querido Cine Gaumont de la avenida Rivadavia. Se emocionó muchísimo y le sacó una foto. ¡Qué chic!


Bien a tono con su estilo, Isabella se encontró con una estatua. 
Si se observa con atención, puede notarse algo fuera de lugar.
¿Qué pasa en la nariz de la gran Bordeuax?  
Una verdadera incógnita... nos quedamos pensando, como ella.



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