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Mostrando las entradas etiquetadas como 90. Cachivache

¿Te vas?

¿Te vas? ¿Te vas? ¿Y me dejás? Está bien. Andá. Andate nomás. ¿Qué te pensás, qué soy chirusa? ¿Que podés picártelas? ¿Mandarte a mudar así como así? ¿Por qué? ¿Hay otra? ¿Tal vez? ¿Quizás? ¿Otra que te consuela y que me deja acá, consolando yo al sillón que está vacío de ahí atrás? Ay, ay... Bueno, está bien. Andá... Pero después no vengas... no me vengas... Está bien. Andá... andá... Total, yo ando con ganas de quedarme acá, y parece que hay lugar, me puedo echar, tirar, rumiar como un gato o mugir como una vaca sentada en el sofá. Total vos ya no estás, ya no me importás. Volviste, volviste... Roberto, estás acá. No sabés las ganas que tenía... De pegarte un sopapo ¿Por qué te fuiste? Decí. Hablá. Vamos, contá... O mejor, no. esperá... ¿Querés saber? ¿Querés saber qué hice este tiempo con Alberto? ¿Querés saberlo todo? Bueno, tomá... Él me refugió de la soledad que me abarcaba por completo, ¿sabés Roberto? “El que l...

Formas

Me gana el cansancio, la fatiga cerca mi conciencia y el desvelo. Más lo mío es insistencia, aún en sueños quisiera concretar una respuesta. Así, rastreo tu presencia cuando no la tengo. ¿Es que de veras en algún momento estuviste ausente ? Aún en la distancia te cargué estos días en mi vientre. Quise arrancarte, deshilacharte un poco, quitarle tinta a tus palabras, eliminar del cuerpo toda posibilidad de recuerdo, algo, algo... Y para eso prendí fuego... ... que me recordó tus formas ataviadas y desnudas, todas. Sometiéndome al entierro, me perdí en ese universo olvidando por completo todo. Lo olvidé todo, pobre fuego. Culpable, capaz de darme muerte, tu arma es tu presencia. Con horror descubrí quien eras. Y me quedé dormida. O desperté. El sudor me obligó a elegir que no sos fuego. Pero no pude. Habías quedado sellado. (Al lado mío, en un papelito, yacen todas tus palabras. No tengo voluntad ni fuerza de pedirles silencio. Tampoco quiero.)

Carta de una sola noche

El individuo se acercó y las fulminó a su antojo. Haciendo que su esencia -lo que les daba existencia- se esfumara. Aún quemándome la espalda, logró que no volviera a la vigilia y me quitó las alas. No preguntes quién cuando tuyo es el yerro y el delito; fue una culpa que vino después de la otra culpa, la primera, la de todo esto originaria. Porque antes de llevártelas y hurtarlas, las concebiste tal y cómo querías verlas; atreviendo a generar de mí un punto cardinal allí en tu mapa. Sólo entonces te atreviste a esculpir un diminuto remolino (especulo, pero eso pudo haber pasado). Fuiste vos el que, arrancándolas, creó huecos en mi espalda para que después las alas mueran. ¿Cómo podría estar ahora?, ¿infeliz, desesperada?, ¿perdiendo la cronología, sin saber si es cierto lo pasado? Al mezclar el tiempo, y al poder dejar sellado entre mis labios y piernas, el fin de la memoria y la cordura ¿cómo podría estar esta noche? (se me ocurre que tal vez regocijada). Lo que anunciaron mis manos ...

Río Negro Proyecta

Queridas Mabeles, Con Perla decidimos ver el mundo un poco más allá de horno a gas que tenemos en la casa y nos fuimos al sur, a un festivalete de cine. Cosa de locos, una experiencia inédita para nosotras, mujeres sin duda de su casa. Pero es así, no viene mal salir un poco a ver de qué color están hechas las montañas. Y así, como al burlete, me encargaron un reporte para el que me han pedido especialmente que deje de hablar de zurcidos, y le preste atención al misterioso mundo del arte. Así que ahí estuve, de aventuras en las butacas, tanto de cines como de teleféricos. Aunque me cueste dejar de lado el lado chabacano y emocional, notarán que por momentos me puse un poco seria. Pero soy una profesional, qué tanto, para algo me pagan millones para que viaje. Las invito a que lo lean, mis queridas, y las espero cuando quieran para seguir bordando en casa. Un saludo afectuoso, Perla Río Negro Proyecta un festival que se las trae Crónicas de un festival, bajo la mirada de Perla...

El susodicho

Perla, Perla, mi querida, tengo que compartir con vos esto. Me gustó un caballero, un muchacho de la fiesta. Me pareció que el susodicho estaba interesado. Pero quién sabe, vos me dirás si se trata de un candidato decente, o de un auténtico tarambana. Encima estuve medio turulata y dormilona, porque al final, cuando me estaba yendo se acercó y me preguntó "¿puedo llamarla alguna vez?"; yo le sonreí, "cuando usted quiera", y de nerviosa y apresurada al final no le di ningún teléfono. Como si pudiera llamarme por Ósmosis. O por Facebook. O Twitter. Y yo de esas cosas no entiendo nada. Estoy perdida, Raquel, orientame. Sé que es cercano tuyo, estás autorizada a que, si lo creés pertinente, le trasmitas un mensaje de parte de Mabel (quedó muy impresionado con el estilete) diciendole "Guadalberto, impresionaste muy bien a Mabel", agregándole todo lo que convenga y creas necesario. ¿Sabés a quién me refiero, Dora querida? Un último comentario: tu compañero, Nico...

La Reina

¿Así que te hacés el zota? Por qué no te acercás un poquito, vas a ver qué sorpresas tiene para vos hoy la Reina. Porque me autodeclaré Reina en mi Condado, querido, y al pensarte no encuentro más que un peón que se hizo la rata. ¿Creés que soy resistente a indiferencias y silencios? Mirá que mi corona va de oro al cobre en un ratito, y cuando eso pasa se pronostica un cambio intempestivo en el ánimo. Mirá que cuando el sombrerito se pone así es que el cielo se oscurece, la temperatura baja y además se enojan los dioses. Mirá que no todo depende de mí y si se encaprichan los de arriba no hay pan para rato. ¿Qué son esos ademanes? ¿Dónde quedó la cortesía? Cuando vuelvas vas a fregar el piso, tengo acá doblados a mis pies los trapos. Te vendiste como caballero, compré ticket ida y vuelta y no llegamos ni a la mitad del primer tramo. Ya se te ven las costuras, las debilidades, los puntos negros que te amenazan diariamente. Sos tan tonto y transparente que no podés ocultarme nada. No a mí...

Los pájaros

Intentando recomponerme de algún sacudón que me dio la vida, pongo esfuerzo, garra, extrema voluntad, y de a poco -siempre más de a poco que lo deseable- voy separando el barro natural que llega a mis costas con el tiempo, inherente, inevitable, con la vida. Cuando se asienta la idea de que por fin es primavera, viene el cambio del invierno para recordar que en realidad no se aprobó ninguna materia. No porque no haya habido examen. No porque se haya hecho mal. Sino, se trataba de un examen en ese momento, y ya después, en el ahora, las cosas cambian y siguen, en gerundio, cambiando. Nada es tan constante. No en tanto emanemos calor al caminar. Sea e l calor de sangre el primer tesoro: aunque constantemente lo perdamos de vista, n o perderlo tan rápido ni tan fácilmente resultaría un perfecto punto cero para volver a arrancar desde cualquier lado. Espero de todo corazón salir pronto de cada lugar oscuro tanto como inevitable. Y espero dejar de llorar por estar bailando en una fiesta a...

Caravana de Mabeles

... pero por favor, Eva Doris, quién nos dice algún día nos juntamos y armamos la Caravana de Mabeles, nos pinchamos las escarapelas en los escotes, y nos vamos todas juntas a los festejos del Bicentenario. Como hace doscientos años, chicas, ¿se acuerdan? Me acuerdo Chichita que vos te pusiste preciosa con ese corsé y el miriñaque celeste y blanco. A la nona la vestimos de blanco y la pusimos en el carruaje; no se bajó del coche porque llovía la Nona, miró todo a través de la ventana. Y Madama de Félix con Laura Elena todas risueñas y murmurando perseguían a Domingo y Antonio, hacían que los ayudaban a repartir escarapelas. Con Muriel Bertha decíamos que tenían algún tipo de interés, más que un favor a la patria ellas lo que querían era coserles el ruedo a los muchachos. También me acuerdo de vos, María Eva que te nos escapaste de la congregación, nos sacaste a Bertha y a mí de las manos el paraguas, y con el parasol abierto cruzaste la plaza y entraste a la casa rosa que está enfren...