Vienna. Parte 9.
Coda. Desde el quinto piso de un appart Hotel de Mar del Plata veo el mar. El día está soleado, fresco, sopla un poco el viento, y por encima del edificio que tengo enfrente asoma amarilla y roja una la letra hache de Havanna, que es como confirmar sin derecho a réplica que ya no estoy allí sino acá. Internamente vuelvo a establecer conexiones, sueño y pienso mucho en los días que pasaron. En circunstancias de final, uno entiende que los viajes son como la vida, que se terminan, y se me ocurre que con éste pasará como sucede hasta con los amores más agarrados: poco a poco me iré desprendiendo de Viena. Todavía tengo encima a los edificios imperiales, los puentes románticos y el Danubio adentro. Todavía me cae la nieve del último día, la que nos mojó cuando con Thomas fuimos a desayunar antes de mi partida. Por una confusión logística no pude despedirme como hubiera querido de alguna gente y las últimas horas fueron como apresurar un trago que uno sabe que igualmente será breve. Por...