Una cierta libertad por estos días

El domingo subí a la medianera de la terraza. Fue un día hermoso, observé el otoño desplegarse en los árboles. En la quietud entreví cómo pasa el tiempo a través de nosotros. Cómo lo hace con calma. A ritmo pausado, lento. Sentí que mi cuerpo, nuestros cuerpos, todavía no habían llegado a ese pulso. Que cabalgan aún sobre los ecos del antiguo pentagrama de una vida que ya no existe más. De una vida que tenemos que doler que despedir que llorar. Fue un día extrañamente mágico, hermoso al caer la tarde. Percibí el silencio, la savia corriendo por las ramas, el aire moviendo las hojas. ¿Cómo puede ser entonces que horas más tarde el Monstruo Bobo me quite la vida, me quite el sueño? Hoy me acosté para olvidarme de la presión del Monstruo Bobo. Dormir era mi único consuelo. Y sentí, sentí en el cuerpo, cómo mi alma se acomodaba. Vengo sintiéndola bastante, mucho dialogar con ella a ojos cerrados. ...