Der Supermarket

Es un momento fatal. Y eso que podría pensarse que tengo cierta cancha. Desde que ya sé por qué calle ir, hasta que no tengo que preguntar dónde están los productos; desde haber aprendido a no trasladar las cifras a pesos porque sería un patatuz cada vez que agarro un fideo, hasta que pese a que no entiendo un porongo los detalles de algunos productos no tengo dudas sobre qué llevar...Voy directo, como si fuera un local cualquiera, adonde están "mis cositas de siempre", pienso con un cierto grado de impresión, y no ando dando vueltas para descubrir las curiosidades que tiene para ofrecerme este supermercado igual a todos los demás en este mundo, reflejo del capitalismo espantoso del que somos víctimas, sobre todo ahora en que estar acá me parece un sueño porque tengo enfrente las galletitas Eiergebäck con Zartbitter Schokolade rellenas de Orangensaftkonzentrat que me hacen feliz cada vez que las veo aunque les oponga mi más criolla resistencia ... Mah sí, pienso, las agarro y me las llevo, y sigo de largo hacia el final de la góndola. Al fondo del pasillo distingo una cola llena de gente, con sus canastitas y acentos locales. Me apropicúo.

Ahí es cuando empieza mi minitragedia, porque veo que mis compañeros de línea tienen pocas cosas, y yo tengo el canastito lleno. Me pregunto si estaré en la fila de menos de diez productos y en seguida me respondo que qué sé yo si acá en Austria existirá el concepto de "hacer fila por menos de diez productos", así que dejate de preguntar boludeces y seguí esperando tranqui, me vuelvo a decir. Percibo que todo avanza relativamente más rápido de lo esperado. Lástima, yo necesitaba cierto tiempo para cuando llegara el momento de enfrentarme con la cajera. No sé, para concentrarme, qué sé yo... Cuando por fin llego al coso donde se apoyan las productos de la canasta -la parte del coso que no tiene cinta transportadora- mientras el de adelante paga empiezo a descargar lo mío, no quiero robar el preciado tiempo de nadie, así que todo lo hago con celeridad y precisión, aunque nunca pueda sacarme del todo la impresión de estar haciendo algo mal sólo por el hecho de desconocer las reglas al no estar en territorio totalmente propio. Qué paranoica te ponés en el supermercado, vuelvo a pensar, y una voz de afuera interrumpe mis pensamientos, una voz que reconozco y viene desde muy cerca. Miro y ya no es sólo la voz, tengo los ojos de la cajera encima, que vuelve a preguntarme lo mismo, y por el gesto imagino que me consulta si tengo la Billa-Card, con descuentos para ese super. El pensamiento sobre espantoso capitalismo vuelve a apoderarse de mí, pero lucho contra toda reflexión inoportuna porque justo en este momento no puedo desconcentrarme ni un poquito. Le contesto que nein, que no tengo carta de descuento, keine Karte, y finalmente cuando me extiende la mano le doy la tarjeta y respiro aliviada: no me habla más. Mientras me da el ticket para que firme, un turco que tenía detrás me dice algo señalándome el canasto vacío a mis pies. Pongo cara de obediente y al partir lo llevo hacia la pilita de donde lo saqué en la entrada... Puf, terminé mi primera experiencia de compras en Viena.

No sé por qué me pongo tan nerviosa cuando voy al super. Es algo sencillo, muy simple, pero la sensación mientras estoy ahí es que sería más fácil descifrar un sudoku en noruego que pasar tranquila por esta pequeña y obligatoria aduana. Qué sé yo, subjetivas de viaje...





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