El susodicho

Perla, Perla, mi querida, tengo que compartir con vos esto.
Me gustó un caballero, un muchacho de la fiesta. Me pareció que el susodicho estaba interesado. Pero quién sabe, vos me dirás si se trata de un candidato decente, o de un auténtico tarambana. Encima estuve medio turulata y dormilona, porque al final, cuando me estaba yendo se acercó y me preguntó "¿puedo llamarla alguna vez?"; yo le sonreí, "cuando usted quiera", y de nerviosa y apresurada al final no le di ningún teléfono. Como si pudiera llamarme por Ósmosis. O por Facebook. O Twitter. Y yo de esas cosas no entiendo nada.
Estoy perdida, Raquel, orientame. Sé que es cercano tuyo, estás autorizada a que, si lo creés pertinente, le trasmitas un mensaje de parte de Mabel (quedó muy impresionado con el estilete) diciendole "Guadalberto, impresionaste muy bien a Mabel", agregándole todo lo que convenga y creas necesario.
¿Sabés a quién me refiero, Dora querida?

Un último comentario: tu compañero, Nicolás, un encanto de persona. Con él fuimos compañeros de militancia en "Estrellitas" la colonia progresista de la clase media judía de los ochenta. Casualidades de la vida. Un pañuelo es todo al final. Y me dio cosa, porque van dos veces en estos veinte años que me reconoce y yo no. Parezco una mala persona, alguien desinteresado por el otro. Se ve que estoy igualita a cuando tenía trece años, pero a él le creció un poco la barba, por eso. Como sea, qué pequeño es este mundo, mi querida. Un carilina. Tirando a usado, temporada de invierno.

Estela, volviendo al amor, te hago estas confesiones porque sé que tenés oídos. No encuentro respiro, tan torpes son mis comportamientos. Te adjunto zippeado un bizcochuelo, los saqué de una receta que dio Chichita en el telenoticioso, en la sección "Panes, azúcar, y agua". Riquísimo, lo preparé como consuelo.
Un abrazo,
Mabel

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