Los pájaros

Intentando recomponerme de algún sacudón que me dio la vida, pongo esfuerzo, garra, extrema voluntad, y de a poco -siempre más de a poco que lo deseable- voy separando el barro natural que llega a mis costas con el tiempo, inherente, inevitable, con la vida.

Cuando se asienta la idea de que por fin es primavera, viene el cambio del invierno para recordar que en realidad no se aprobó ninguna materia. No porque no haya habido examen. No porque se haya hecho mal. Sino, se trataba de un examen en ese momento, y ya después, en el ahora, las cosas cambian y siguen, en gerundio, cambiando.

Nada es tan constante. No en tanto emanemos calor al caminar. Sea el calor de sangre el primer tesoro: aunque constantemente lo perdamos de vista, no perderlo tan rápido ni tan fácilmente resultaría un perfecto punto cero para volver a arrancar desde cualquier lado.

Espero de todo corazón salir pronto de cada lugar oscuro tanto como inevitable. Y espero dejar de llorar por estar bailando en una fiesta a la cual no me sentí invitada.

Avanza el invierno por sobre la primavera. Pero detrás del frío se escucha a los pájaros que duermen: se están preparando.

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